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En general, cuando se habla de corrupción la primera imagen que viene a la mente es la de dinero que no llega en su totalidad al destino previsto o es usado para que otras personas modifiquen sus decisiones. En el primer caso, podría ser una partida presupuestaria asignada a refacciones en una escuela o un hospital que termina repartido entre la obra misma –muchas veces dejada incompleta o mal realizada– y personas de distintos niveles de decisión del sector. En el segundo, un funcionario o un empresario privado que reciben un sobre discreto para que digan o hagan algo distinto a lo que tendrían que decir o hacer. Es este aspecto de la corrupción lo que nos lleva a ocupar el puesto 105 en el Índice de Percepción de
Pero hay más, y en formas que son difícilmente cuantificables, aunque sospecho que tienen una influencia aún mayor que el dinero. Veamos algunas de estas formas.
El robo del tiempo y la energía de los funcionarios
Recordando los nombres tan sugestivos usados por el inolvidable Tato Bores, imaginemos cómo empieza su día José Cometa (o María Retorno, para evitar la acusación de discriminación de género). ¿Qué será lo primero que piensa al levantarse, y lo último al acostarse? ¿Los problemas de los ciudadanos que están sin agua o atención médica o cómo está el megaproyecto de la autopista para ir del aeropuerto a los distintos shoppings para no perder tiempo y viajar más seguro? ¿Cómo ordenará su tiempo cuando llega a su despacho, cuáles serán las primeras llamadas, las entrevistas prioritarias, las que le llevarán la mayor parte del tiempo? Si quiere una ayuda para ejercicio de la imaginación, trate de recorrer con su mente el típico día del funcionario que sospeche de corrupción (hay bastantes), ¡pero no se encariñe con el personaje!
El robo de la idoneidad de los funcionarios
Tal vez antes de pensar en los mejores recursos de los funcionarios sea necesario pensar en la designación misma de estos funcionarios. Es decir, ¿qué valores y antecedentes se privilegian a la hora de designar a una persona para un cargo? ¿Se busca adecuar las condiciones de los candidatos al puesto, como lo haría cualquier empresa privada que busca la mayor eficiencia, o se buscará llenar los miles de cargos públicos a nivel nacional, provincial y municipal con amigos, familiares y personas que aseguren que no se cortará la red de corrupción que va dejando sus cuotas proporcionales en la cadena jerárquica? Si buscamos la palabra “idóneo” en el diccionario nos devuelve la definición: “Adecuado y apropiado para algo”. ¿Qué es ese “algo” a la hora de la designación? ¿Poder servir al pueblo que los eligió de la mejor forma o servirse a sí mismos y a la maquinaria de retornos que los colocó en ese puesto?
El robo del los proyectos del pueblo
Sin cifras o estudios a la mano, se me ocurre intuitivamente que es aquí donde más pierde el pueblo con el cáncer de la corrupción. ¿Cuáles son los proyectos prioritarios que se manejarán en todos los niveles de
El robo de los votos del pueblo
¿Dónde colocar este robo, que tiene que ver con la fuente misma del poder que otorga el sistema democrático? Cuando todo el mundo conoce los múltiples mecanismos fraudulentos que se implementan en cada una de las elecciones, especialmente en los distintos feudos manejados por los “aparatos” municipales en todo el país, ¿qué valor tiene decir que la presidenta ganó por un 44,90% y la primera oposición sacó un 22,96%, cuando gran parte de los votos ganadores fueron aportados por los aparatos municipales que usan los recursos económicos y los empleados públicos a favor de sus candidatos y
El robo de los valores del pueblo
Si bien la asociación habitual de la corrupción es con el signo $, creo, como muchos, que el daño mayor de este flagelo social está no en el bolsillo del pueblo sino en su alma. ¿Cuánto del crimen, la desesperanza y la desesperación que padecemos a diario se debe al hecho de ver cómo se enriquecen escandalosa y descaradamente los funcionarios y sus amigos a pesar y a costa de la gran mayoría de la población que sólo piensa en trabajar honestamente? ¿Cómo nos afecta en nuestra identidad nacional y nuestra proyección internacional ser considerado como un país corrupto? Es decir, ¿somos un país corrupto o somos un país de una mayoría de personas honestas que hemos dejado que la minoría de corruptos nos gobiernen y se lleven nuestro dinero y nuestras esperanzas? Tal vez sea hora de decir un enfático “¡No!” al estereotipo de ciudadano, empresario, funcionario y político al que nos hemos acostumbrado y en el que nos ha encasillado el mundo para reemplazarlos por personas más acordes con la mayoría de la población y un nuevo país del que podamos sentirnos orgullosos.
La corrupción y la honestidad no tienen ideología
Cuando
Alejandro Field – ARI San Isidro / Mayo de 2008
Publicado en Opinión Abierta del sitio de la Coalición Cívica